Tu empresa va a necesitar un agente, igual que en su día necesitó una web
En 1998 muchas empresas decidieron que una página web era un capricho. Tuvieron razón durante un par de años. Después dejaron de tenerla, y las que llegaron tarde pagaron un precio que no estaba en ninguna previsión: no perdieron una campaña, perdieron el canal.
Estamos en el mismo punto, con otra tecnología. Y con una diferencia importante: esta vez no va de tener presencia. Va de tener interlocutor.
El escaparate deja de mirarse
Un escaparate es pasivo. Enseña lo que hay y espera a que alguien entre. Eso ha funcionado treinta años porque al otro lado siempre había una persona con tiempo para mirar.
Cada vez menos. La gente ha empezado a preguntar a un asistente en lugar de recorrer diez enlaces, y se queda con la respuesta. No compara: delega. Tu web puede estar impecable y no aparecer ahí, no porque esté mal hecha, sino porque está pensada para que la mire alguien, no para que la interprete algo.
Las empresas más avanzadas ya han reaccionado poniendo un chat. Pero un chat sigue siendo un escaparate, solo que con un dependiente detrás del cristal: responde si le preguntas, está disponible y no hace nada más. Es reactivo, y llevamos años confundiendo reactivo con inteligente.
De responder a actuar
Lo que viene es otra cosa. Un agente que representa a tu empresa no espera: tiene un objetivo y actúa para cumplirlo.
Resuelve una gestión de principio a fin en lugar de explicar cómo se hace. Confirma una cita. Da a conocer lo que ofreces cuando viene al caso. Plantea una propuesta. Avisa de algo antes de que se lo pregunten.
La diferencia con el chat no es de tecnología. Es de iniciativa: uno espera a que le hablen, el otro tiene algo que conseguir.
Y aquí está lo que casi nadie mira
Todo lo anterior sigue asumiendo que al otro lado hay una persona. Ahí es donde se detiene la mayoría de análisis, y donde empieza lo importante.
El escenario que se está construyendo es otro: agentes que hablan con agentes.
Tu cliente no va a rellenar tu formulario. Su agente va a hablar con el tuyo. Preguntará disponibilidad, condiciones y plazos. Comparará con otros tres proveedores. Cerrará si encaja y te descartará si tu agente no sabe responder. Todo eso sin que ninguna persona haya visto tu web.
Y no es especulación de conferencia. Ya hay estándares abiertos, con nombre y apellidos, para exactamente esto: para que un agente descubra qué puede hacer un sistema, y para que agentes de organizaciones distintas se encuentren, negocien capacidades y se deleguen trabajo entre ellos. Están publicados y los grandes proveedores los están adoptando. La infraestructura no está en debate: está en despliegue.
Cuando eso se generalice, la pregunta para tu negocio no será si tienes web. Será si tienes con qué responder cuando quien pregunta no es una persona.
Quien no lo tenga seguirá existiendo. Simplemente no estará en la conversación donde se decide.
También delegarás tú
Conviene mirar el otro lado, porque llega antes de lo que parece.
Tú también vas a delegar. Un agente que gestiona tus renovaciones, que compara antes de que te toque decidir, que cancela lo que no usas, que trata con los agentes de tus proveedores. No una herramienta que abres: algo que trabaja mientras no estás.
En ese mundo, el cliente al que atiende tu empresa muchas veces no será una persona, sino un sistema que actúa en su nombre, con criterios explícitos y sin paciencia. A ese no lo convences con una buena página de producto.
Qué implica empezar ahora
No hace falta reinventar la empresa. Hace falta empezar a acumular criterio, que es lo único que no se puede comprar después.
Monta algo pequeño y real, en producción. Un proceso acotado que duela un poco y no sea crítico. Los pilotos internos no enseñan nada, porque nadie se comporta como un cliente: el aprendizaje está en lo que la gente pregunta cuando se sale de tu guion.
Exige que ejecute, no que hable. Si la primera versión solo responde preguntas, has construido un chat. El listón es que complete una gestión entera.
Mira los protocolos entre agentes ahora, no cuando sean obligatorios. No para implementarlos mañana, sino para no tomar hoy decisiones que después haya que deshacer.
Nada de esto va de acertar con el caso de uso. Va de tener recorrido cuando deje de ser opcional. Las empresas que en un par de años tengan agentes solventes no serán las que lo decidieron ese año: serán las que llevaban tiempo equivocándose en cosas pequeñas.
Que ya funciona no es una promesa
Esto no es un horizonte de cinco años. Hay negocios pequeños —consultas, comercios— operando así hoy: el cliente resuelve su consulta y reserva hablando, la cita entra en el sistema real del negocio, y el dueño se entera cuando ya está hecha. Sin persona intermedia y sin app que instalar.
Tengo varios de esos casos abiertos y accesibles en Proyectos personales, por si prefieres verlo funcionando a que te lo cuente.
Si el escaparate deja de mirarse y empieza a preguntarse, tener escaparate deja de bastar.
Escrito por José Miguel Azcona Padín · Málaga · más artículos
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